Me desperté muy tranquila, me bañe, me vestí y me arregle, recibí
la visita de mi ginecólogo, mis amigos y familiares que llegaron a acompañarnos en nuestro dolor y de paso, una que otra visita indeseable, almorcé en la clínica y de
ahí íbamos directo al cementerio al sepelio de mi Alejandro. Hasta ese momento estuve muy calmada; de vez en cuando una lagrimita humedecía mis
mejillas pero eso era todo. Valentina (mi hijita) no tenia conciencia de
nada y yo no era nadie para exponerla a semejante dolor, así que Claudia
Elena, mi prima se ofreció a llevársela de
paseo a Cine o a Citypark para que se distrajera y todos pudiéramos asistir al
entierro y hasta el sol de hoy le agradezco ese gesto infinitamente.
El shock empezó en el preciso
momento en que llegamos al cementerio, me baje del carro y empezó una nube de
gente a acercarse y a decirme cosas como “Mucha Fuerza”, “Lo siento mucho”, “Tu eres fuerte y el dolor
va a pasar”, “Tienes que ser fuerte porque tu hija y tu esposo te necesitan”...
cada una de esas palabras caía sobre mi alma como una gota de acido que me
estaba quemando y justo en ese momento caí en cuenta de que YO, Johanna Polanía era la estrella central de
esa película, que todas esas personas que estaban ahí de alguna manera me
estaban ayudando a cargar MI inmenso dolor y en ese preciso momento puse los
pies en la tierra y caí en cuenta de mi realidad, me estaba bajando al entierro de Alejandro, de mi Alejandro, de “MI HIJO” y sentí que mi
alma empezó a caer a pedacitos en el piso.
Como el día anterior había sido
mi cesárea, no me dejaban caminar y me empezaron a buscar una silla de ruedas,
pero no habían, así que lo mas parecido
que encontraron y que podría servir para el mismo fin era una silla secretarial
de rueditas, la trajeron y me sentaron, en medio de mi dolor, también sentía mucha pena de sentarme ahí y
que me empujaran, pero todo fue tan
rápido que antes de que pudiera decir una palabra ya iba a mitad de camino y
cuando pude hablar, la imagen que vi me bloqueo.
A
mitad del pasillo estaba Titi llorando y su cara reflejaba todo el dolor que compartíamos;
cargando en sus brazos un ataúd pequeñito
de color blanco en el que estaba mi principito azul, ya llegaba la hora de la despedida.
En realidad recuerdo pocas cosas
de ese momento, antes de empezar mi
suegra hablo y agradeció a quienes nos acompañaban en nuestro dolor (en estos
momentos agradezco infinitamente su apoyo de corazón), rezó algunas oraciones y
hablo de mi, como madre, sé que alguien
me entrego una rosa blanca que aun conservo y que fue mi compañera durante todo
el tiempo que estuve ahí; pero mi mayor
recuerdo de ese momento, es la sensación de querer desaparecer
literalmente, de querer evaporarme, de querer irme con el y no ver a nadie, de querer morirme con el.
A partir de ese momento mis ojos
se convirtieron en lo mas parecido a un grifo abierto, que no se podía cerrar, recuerdo que ni siquiera hacia el mínimo
esfuerzo al llorar, las lagrimas fluían como
por arte de magia; el grifo solo paraba cuando me quedaba dormida y al
despertar estaba como nueva, pero tan pronto recordaba a mi bebé se volvía a
abrir el grifo.
Ese fue el peor día de mi vida, irónicamente
era uno de mis días favoritos hasta ese momento… a partir de ahora para mí y mi familia el 31
de diciembre tiene un color totalmente diferente. Ese día
lo pasamos donde mi hermana mayor y como todos los años estábamos reunidas con
la familia de Jimmy mi cuñado, esposo de
mi hermana mayor, pero el aire olía a
tristeza; No había música ni ambiente de
fiesta, le dije a mi hermana que por mi
no se preocupara, que pusiera música, y que trataran de celebrar el día como si
nada (para mi el luto no es sinónimo de Negro,
ni pienso que el bailar o escuchar música sean sinónimo de mas o menos
dolor), sin embargo ella me dijo que el día
no estaba para celebrar, que no me
preocupara. Trate hasta donde me fue
posible de cerrar el grifo y compartir con todos, pero literalmente me fue imposible, mi alma
ese día durmió en los Jardines de Paz, y la Johanna que YO había sido hasta el
30 de Diciembre de 2011… estaba enterrada con mi hijo, simplemente yo ya no estaba ahí.
A las 11:45 le dije a Titi que nos fuéramos a
acostar, no quería llegar a las 12 de la
noche para empeorar mi estado de animo y no quería llorar mas… comimos en el cuarto lejos de todo el mundo y nos acostamos a dormir.
No hay comentarios:
Publicar un comentario