Todo salió perfecto, durante la operación estuve despierta y vi
toda la cirugía a través del ecógrafo,
incluso llore de la emoción cuando el Dr. Inserto el catéter y me dijo
“Ya tu bebé esta orinando”… efectivamente vi como se vaciaba su vejiguita y
quedaba totalmente desocupada y volví a la vida!!!
Después de 3 noches de clínica volví
a la casa con la FÉ encendida y una incapacidad que me exigía reposo total como
mínimo por 20 días, así que me acostumbre a mi vida horizontal. Durante el día solo me levantaba de mi cama
al baño o a la cocina y oootra vez a acostarme.
Depresión y ansiedad constantes, solo me tranquilizaba saber que
muchísima gente estaba rezando y haciendo cadenas de oración por nuestro
bebé, nos llegaban mensajes de cariño y
apoyo de mucha gente que ni siquiera pensamos que podría preocuparse por
nosotros y fue muy bonito sentir toda esa energía positiva rodeando nuestra
vida.
A los 15 días tenia una nueva
cita de control y contaba los días, las horas y los minutos en el
calendario. Cuando llegamos a la
cita, nos llevamos la sorpresa de que el
bebé se había sacado el catéter y nuevamente tenia la vejiga llena de
liquido. Estábamos de nuevo en el punto de partida,
pero con el agravante de que ya había una cirugía de por medio y a menos que
fuera estrictamente necesario, una nueva
operación era muy riesgosa para el bebé y para mi, así que lo único que se podía hacer de forma
inmediata era hacer punciones por el ombligo,
que en términos médicos se conoce como una Vesico – Centesis y en
términos comunes es una jeringa enorme con una aguja de aproximadamente 20
Cms, que se introduce por el ombligo
hasta la vejiga del bebé, guiado por Ecografía
y que duele hasta el alma por que solo se hace con Xilocaina en la zona por
donde entra la aguja… de ahí para adentro,
se siente todoooo… y aun mas que
el dolor de la aguja, es insoportable el
dolor de la succión del liquido amniótico,
pero bueno todo por que mi Alejandro estuviera bien, para una persona como yo, que lloraba frente a quién fuera por una inyección comun, esto era un sacrificio con S mayúscula.
Después de 2 punciones cada 15 días
y seguir en reposo constante, el 30 de
octubre el Dr. Libardo hizo la ultima punción pero no se pudo extraer la totalidad del líquido y quedó una cantidad
abundante de líquido amniótico en la vejiga (a mi modo de ver), aun así; me dio la siguiente cita para el 19 de Noviembre, lo que me pareció
mucho tiempo y le dije al Dr. sin embargo él dijo que todo estaría bien.
El 9 de noviembre, recuerdo que
paso algo extraño que fue algo así como una pista de Dios que me obligo a ir al
ginecólogo sin programar cita. Después
de ir al baño note que mi zona vaginal se inflamo considerablemente y me asuste
mucho, llame al día siguiente a mi
ginecólogo y me pidió que fuera al consultorio para revisarme y fui con Sandra,
mi hermana mayor. Ese fue el motivo que
me impulso a ir y viendo que faltaban todavía muchos días para la siguiente punción, le pedí a mi ginecólogo que de paso revisara
como estaba el bebé y Oh Sorpresa!, el
volumen de liquido amniótico que habitualmente era en promedio de 11 cm, había
disminuido a 5 cm, lo cual era riesgoso
para el bebé, así que mi ginecólogo
llamo al Dr. Libardo, mi perinatologo y
me dio cita para atención inmediata a las 4:30 pm. Ese día fue eterno. Sentía que todo estaba mal y lloré muchísimo
de susto, no quería perder a mi bebé.
El Dr. me atendió ese mismo día y nuevamente quedé internada para cirugía el 11 de Noviembre. Esta vez la cirugía fue
diferente pues al introducir el catéter no
se expulso la totalidad del líquido amniótico y siguió quedando un
residual. Aun así, mi Fé seguía mas
fuerte que nunca, nada podía salir
mal. El mismo Dios se encargó de
enviarme al médico antes de tiempo para que nos diéramos cuenta que las cosas
no estaban bien y se hiciera la operación,
así que para mis adentros quería seguir creyendo que todo iba a salir
bien, adicionalmente en esa visita a la
clínica me pusieron las inyecciones para empezar a madurar los pulmones de mi
bebe, lo cual a mi modo de ver era la
seguridad de que por lo menos a la hora de nacer iba a estar bien.
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